¡Antes de continuar leyendo, párate un momento!
Pero párate de verdad. Cierra los ojos y conecta con tu respiración. Préstale atención y observa todo el proceso desde comienza a entrar el aire con tu inhalación hasta que terminas de expulsarlo por completo con la espiración.
Cuántas veces habremos dicho “no he tenido siquiera un momento para respirar”. La respiración nos ayuda a captar momentos. Es lo primero que hacemos al nacer y lo último que hacemos antes de morir y no nos damos cuenta de ello, de su utilidad, o al menos, no le prestamos la atención que deberíamos. Después de todo, la respiración siempre está aquí, justo delante de nuestras narices.
Ya sea durante la meditación o fuera de ella, resulta muy útil tener un soporte en el que centrar nuestra atención, un ancla al que mantenernos atados en el momento presente o que nos ayude a regresar cuando nuestra mente comience a divagar. Es nuestra mejor aliada para recordarnos a nosotros/as mismos/as que ahora mismo estamos aquí.
El problema que nadie nombra.
Existe una paradoja silenciosa en el mundo de la meditación occidental. Millones de personas se sientan cada día con la intención de aquietar la mente, de observar el momento presente, de acceder a estados de mayor claridad y presencia. Y sin embargo, la mayoría llega a ese cojín con un sistema nervioso hiperactivado, una respiración disfuncional que respira el doble de lo que necesita y un cuerpo que bioquímicamente no puede relajarse, por mucho que la voluntad lo ordene.
La meditación se enseña, con frecuencia, como si el cuerpo fuera un vehículo neutral. Como si bastara con sentarse, cerrar los ojos y dirigir la atención hacia la respiración para que todo lo demás siguiera. Pero el cuerpo no es neutral. La respiración no es neutral. Y cuando su patrón es disfuncional (rápido, torácico, bucal, irregular) actúa como un generador de ruido fisiológico permanente que dificulta, y en muchos casos imposibilita, lo estados que la meditación busca alcanzar. La respiración funcional no es una preparación opcional para la meditación. Es su condición de posibilidad.
Pero ¿qué entendemos por respiración funcional?
La respiración funcional no es respirar “profundo” en el sentido popular del término. No es tomar grandes inhalaciones ni llenarse de aire. La respiración funcional es, paradójicamente, casi lo contrario: es respirar menos, más despacio, más suave y exclusivamente por la nariz. (De todo esto hablaremos más detalladamente en próximos artículos). Esta es exactamente la respiración que el/la meditador/a avanzado exhibe de manera espontánea durante la práctica. No es un ideal espiritual: es un estado fisiológico medible y entrenable. Y cuando se comprende esto, toda la relación entre respiración y meditación adquiere una nueva dimensión.
El sistema nervioso como campo de la meditación.
Para comprender por qué la respiración funciona influye tan profundamente en la meditación, es necesario entender primero que la meditación no ocurre en el vacío. Ocurre en un sistema nervioso que tiene un estado en cada momento. Y ese estado determina lo que es posible en la práctica.
El sistema nervioso autónomo (SNA) regula de manera automática todas las funciones vegetativas del organismo: el ritmo cardíaco, la digestión, la respuesta hormonal, el tono muscular, la dilatación pupilar. Si divide en dos ramas principales: el simpático, que prepara al organismo para la acción, la huida, o el combate; y el parasimpático, que facilita el descanso, la recuperación, la integración y los estados contemplativos.
la meditación, en cualquiera de sus formas tradicionales, busca operar desde una base parasimpática. No porque la relajación sea el fin de la meditación (no lo es), sino porque el estado de alerta tranquila que permite la observación meditativa sostenida requier que el sistema nervioso haya salido del modo amenaza. Un meditador en activació simpática elevada no puede sostener la atención: su cerebro está literalmente diseñado, en ese estado, para saltar de un objeto a otro, para anticipar el peligro, para no quedarse quieto.
La respiración es el único mecanismo autonómico sobre el que existe control voluntario directo. Ni el ritmo cardíaco, ni la presión arterial, ni la tensión muscular involuntaria responden a la instrucción consciente de manera inmediata y fiable. La respiración, sí. Y a través de la respiración, es posible modular el estado del SNA con una precisión que ninguna otra intervención voluntaria iguala. Este es el primer y más fundamental nexo entre la respiración funcional y la meditación: La respiración es la palanca de acceso al estado que hace posible la práctica.
En las próximas newsletter te seguiré contando acerca de la relación entre la respiración y la meditación, pero hoy te voy a proponer:
Intenta permanecer con la inspiración a medida que entra en el cuerpo, y con toda la espiración a medida que sale, manteniendo la mente abierta y libre durante sólo este instante, durante sólo esta respiración. Deja a un lado toda idea de querer llegar a algún lugar o de querer que algo ocurra. Simplemente regresa una y otra vez a la respiración cuando la mente vagabundee, hilando momentos de atención plena, respiración tras respiración. Inténtalo de vez en cuando durante las distintas actividades de tu día.
“Cuando el prana se mueve, citta (la mente) se mueve. Cuando el prana está quieto, citta también lo está. El yogui alcanza la quietud controlando el prana”. Hatha Yoga Pradipika, II.2.