Crecer en un entorno de abuso o negligencia deja cicatrices que permanecen invisibles durante mucho tiempo, hasta que la tristeza, el cansancio y la pérdida de las ganas de vivir se apoderan de la persona. En estos adultos con pasados problemáticos, los síntomas depresivos suelen resistirse a los enfoques convencionales. Un equipo estadounidense ha hallado una nueva vía de trabajo y ha conseguido buenos resultados con la práctica del mindfulness.
Durante más de cuarenta años, programas como la Reducción del Estrés Basada en la Atención Plena (MBSR) se han utilizado para reducir el estrés y la presión arterial. En 2026, un ensayo aleatorizado dirigido por Eric Loucks, director del Centro de Atención Plena de la Universidad de Brown, y publicado en Health Psychology, evaluó un protocolo similar, en el que, además de intentar controlar la presión arterial alta, se examinaban sus efectos sobre la depresión.
Atención plena, presión arterial y depresión: resultados sorprendentes
El ensayo reclutó a 201 adultos con hipertensión (al menos 120/80 mmHg), en su mayoría mujeres de alrededor de 60 años. De los participantes, 101 fueron asignados aleatoriamente a un programa de reducción de la presión arterial basado en la atención plena, mientras que los 100 restantes fueron asignados a un grupo de control que recibió atención habitual mejorada. Esta atención incluyó el uso de monitores de presión arterial en el hogar, acceso a servicios médicos y recursos de educación para la salud.
Los investigadores también recopilaron información sobre las dificultades que los participantes experimentaron en su infancia, en particular su exposición al abuso o la negligencia. Todos los participantes fueron seguidos durante seis meses, y los evaluadores desconocían su asignación de grupo, midiendo los cambios en la presión arterial, los comportamientos de salud y los síntomas depresivos en una escala estandarizada.
A los seis meses, el grupo que había seguido las prácticas de mindfulness mostró una disminución promedio de 1,65 puntos en la escala de depresión en comparación con el grupo de control, un efecto modesto pero significativo. No obstante, los investigadores observaron mejoras particularmente notables en las personas que reportaron negligencia parental severa durante la infancia en comparación con aquellas con menor exposición, con una tendencia similar, aunque menos pronunciada, en los casos con antecedentes de maltrato infantil.
En otras palabras, los adultos más afectados por la adversidad temprana parecieron ser quienes más se beneficiaron de este enfoque de salud basado en la atención plena.
Por qué una infancia difícil amplifica el efecto de la atención plena
Para Eric Loucks, profesor de epidemiología, medicina y ciencias sociales y del comportamiento en la Universidad de Brown, estas cifras forman parte de una observación más amplia sobre el impacto duradero del trauma infantil. “Si observamos a la gente común en todo el mundo, quienes han estado expuestos a adversidades tempranas, como el abuso o la negligencia, tienden a tener peor salud mental y también peor salud cardiovascular”, afirmó Loucks. La medición del abuso y la negligencia parental ha demostrado que la atención plena podría mitigar parte de esta vulnerabilidad.
Según los autores del ensayo, la atención plena fortalece la autoconciencia, la capacidad de volver al presente y la regulación emocional. Para los adultos que durante mucho tiempo han estado desconectados de sus emociones como forma de autoprotección, este aprendizaje genera una verdadera sensación de empoderamiento.
Eric Loucks ha estudiado durante 15 años la adversidad temprana y su relación con la salud cardiovascular, el índice de masa corporal y la presión arterial. Observar que un programa para la salud del corazón también reduce la depresión, especialmente en personas con un pasado difícil, representa un hito importante en esta investigación.
Si bien los traumas tempranos aumentan el riesgo de trastornos cardiovasculares y de salud mental, estos datos sugieren que una intervención específica podría mitigar esta vulnerabilidad. La magnitud y la sostenibilidad de este efecto en poblaciones más amplias aún deben confirmarse.