La paciencia es una virtud reconocida en distintas culturas, pero la psicología apenas ha profundizado en ella. Buena parte de la investigación se ha centrado en decisiones entre recompensas inmediatas o futuras, una visión limitada para comprender cómo gestionamos la impaciencia.
En su estudio The Role of Mindfulness in Daily Experiences of Patience and Impatience, los psicólogos Jason Hawes y Kate Sweeny, de la Universidad de California, Riverside, proponen una mirada más amplia: entender la paciencia como un conjunto de estrategias para regular la emoción de la impaciencia. Según explican, la atención plena puede favorecer “una actitud de aceptación y presencia de mente”, elementos que contrastan con la naturaleza acelerada y orientada al futuro de la impaciencia.
La paciencia como regulación emocional
El modelo teórico que emplean describe la impaciencia como una emoción negativa y de alta activación. Surge cuando sentimos que el tiempo avanza más lento de lo que debería o de lo que deseamos. Ejemplos cotidianos incluyen esperar en una cola, soportar una conversación que se alarga o aguardar noticias importantes.
Esta emoción suele manifestarse con inquietud física, como mover las piernas o caminar de un lado a otro. Además, la impaciencia impulsa a actuar: buscar una fila más corta, terminar antes una tarea o pedir actualizaciones constantes. En algunos casos, puede llevar a conductas impulsivas, como adelantar tráfico por el arcén.
Frente a esta emoción, la paciencia se entiende como una forma específica de regulación. Puede actuar desviando la atención, reinterpretando la situación o modulando la respuesta física o verbal. Por ejemplo, una persona puede distraerse con otra actividad para reducir la sensación de espera, o contener comentarios bruscos cuando la impaciencia aparece.
Este enfoque es compatible con otras definiciones de paciencia, como las que la sitúan en ámbitos de dificultades vitales, relaciones interpersonales o pequeños contratiempos diarios.
Conciencia plena y su posible influencia
Hawes y Sweeny plantean que la atención plena podría reducir la impaciencia al fomentar la presencia en el momento y la aceptación de las experiencias internas. El documento cita investigaciones previas que ya habían observado que el mindfulness disminuye la reactividad emocional y favorece respuestas más calmadas.
Además, la práctica puede apoyar las estrategias de regulación: quienes muestran mayor atención plena tienden a recuperarse antes de la activación emocional y a gestionar mejor sus reacciones.
Para explorar estas ideas, los autores realizaron tres estudios consecutivos. El primero fue un diario de cinco días en el que 200 participantes registraron su nivel de mindfulness, impaciencia y paciencia. Los resultados mostraron que, en los días con mayor atención plena, las personas se sentían menos impacientes tanto en general como ante un evento concreto.
Sin embargo, también informaron de menos respuestas pacientes, algo que los investigadores atribuyen a que la medida utilizada recogía el esfuerzo por ser paciente, no el éxito de la regulación.
El segundo estudio introdujo una intervención: un grupo escuchó una meditación guiada y otro un audio relajante. La meditación no generó más mindfulness que el control, e incluso algunos participantes describieron la grabación como “lo más impacientante del día”.
Aun así, quienes se sintieron más atentos y presentes reportaron menos impaciencia y más paciencia ante situaciones difíciles, además de percibir los retrasos como menos objetables.
Mindfulness frente a la divagación mental
El tercer estudio comparó actividades de mindfulness con ejercicios diseñados para fomentar la divagación mental. Esta vez, la intervención sí aumentó la atención plena y redujo la tendencia a divagar.
Los participantes del grupo de mindfulness mostraron más paciencia ante retrasos, los consideraron menos frustrantes y se sintieron más capaces y motivados para ser pacientes. La impaciencia, sin embargo, no disminuyó de forma significativa, pese a que los retrasos se percibían como menos molestos.
En conjunto, los resultados de Hawes y Sweeny sugieren que el mindfulness puede actuar como un escudo psicológico ante retrasos frustrantes. La atención plena se asocia con menos impaciencia y con una mayor disposición a responder con paciencia, aunque la forma de practicarla influye en su efectividad.
El estudio concluye que esta práctica es una vía prometedora para afrontar las esperas cotidianas y reducir sus efectos emocionales, incluso si aún quedan preguntas abiertas sobre los mecanismos exactos que la hacen funcionar.
https://www.researchgate.net/publication/401603506_The_Role_of_Mindfulness_in_Daily_Experiences_of_Patience_and_Impatience